ENCUENTROS





Cuando el viento caprichoso decide cambiar de dirección y yo decido seguirle aún sin conocer sus intenciones. Cuando mi agenda es sólo un montón de notificaciones en una pequeña pantalla a la que casi nunca le hago caso, como tampoco le hago caso a las alarmas ni a las horas, por eso nunca llego a tiempo, y a veces ni llego.





Yo prefiero ser un solitario andariego cantándole al viento; mi fiel amigo y compañero desde hace muchos años. Aunque ahora tengo a otro, otro que me acompaña, y aunque no corre tan veloz como él, a veces me lo parece...


Es tan flaco y tan sonriente como yo, tan pequeño y enérgico como yo, y también le cuesta estarse quieto mucho tiempo, por eso su nombre es Chasqui; porque puede estar quieto un par de minutos y de la nada empieza a correr y a saludar a todos como si tuviera la misión de entregar un mensaje con urgencia, y esto es algo en lo que también nos parecemos, porque desde hace algún tiempo descubrí que tengo la misión de entregar sonrisas y un poco de alegría a la gente que me encuentro a mi paso, es que hay personas que no saben para qué están en este mundo y hay otras que sí lo saben pero necesitan que se lo recuerden.


II


Los anteriores días fueron muy tristes, porque por varias cosas que pasaron, sentí cómo esa misión se convertía en una carga muy pesada, al darme cuenta cómo la humanidad está tan distraída y sus sentimientos desgastados, las palabras y las buenas frases ya no son escuchadas porque suenan sin sentido, muy pocos creen en el amor, ni se emocionan con lo sencillo y con la magia que se esconde en cada instante.


Esa mañana no quería hacer nada, no quería salir a la calle, por eso preferí ignorar mi agenda y la mirada de Chasqui que me dice;


- ya es hora -


Así que sólo me quedé echado en cama.


Pasadas unas horas, sentí como por mi ventana una leve brisa me despierta y con un apacible susurro me dice:


"levántate, aún hay esperanza"


Anduve algunas calles como de costumbre, siguiendo a Chasqui mientras él seguía al viento. Quien de repente en una esquina giró bruscamente y con un silbido seguido de una señal me invitó a seguirlo por esta ruta, hasta llegar a ese parque frente al mar. Al que casi nunca voy, no porque no me guste sino porque no hay muchas personas ni muchos perros para jugar con Chasqui.


III



Al llegar, lo primero que observé fue una banca vacía a la cual me dirigí para sentarme a contemplar el mar.

Y allí estaba ella, a unos cuantos metros en otra banca diagonal a la mía, no recuerdo si la saludé al pasar, pero lo que sí recuerdo es como mi atención y mi mirada se partieron en dos;


Con el ojo izquierdo mirando al mar y el derecho observándola a ella...


Allí sentada, tan tranquila y como esperando nada, tomando un café y enrolando sus propios cigarros, y en cada bocanada su mirada dirigida hacia algún punto como la mirada de alguien que ya no busca nada y que ha encontrado las respuestas a muchas de sus preguntas.


Fue un momento de mucha tranquilidad que hasta olvidé que tenía perro.

Sólo pude recordarlo cuando de repente lo escuché ladrar intentando pelear con otro que no quiso seguir su juego. Así que tuve que levantarme de mi silla y dejar en pausa aquella escena, la cual intenté reanudar después de hablarle a Chasqui, pero minuto seguido volvió a ladrar y esta vez fue algo más serio, así que tuve que intervenir y sacarlo de allí.

Seguidamente salimos del parque, pero antes de hacerlo pasé por su lado y después de decir una frase sin mucho sentido, me despedí con esa sonrisa que había vuelto a ser la misma de siempre, no sé si ella me escuchó o me entendió, porque sólo hizo un gesto con su rostro como de:


!Que chico tan extraño!


IV


Pasados un par de días volvimos al mismo lugar.

Y al llegar fue como si aquella escena que dejé pausada estuviera allí esperando para que yo pudiera continuar viéndola. La cuestión es que mi memoria a veces falla y no tengo muy claras las imágenes de lo que pasó esta vez.


Sólo recuerdo que al llegar a casa dije:


_ Que tonto soy, debí acercarme y hablarle.


Entonces el viento susurró:


_ Tranquilo amigo, tendrás otra oportunidad y esta vez si le hablarás.


Y así fue.

Pero para mi sorpresa. No fui yo, sino ella, quien empezó la conversación.


Esta vez salí decidido a encontrarla y a hablarle.

Salí con Chasqui un poco más tarde de lo habitual y nos dirigimos a ese parque frente al mar.


Al llegar...

Ahí estaba ella.

Pero esta vez sentada en el lugar opuesto al de las veces anteriores, como esperando mi regreso.

En ese momento un cúmulo de frases se amontonaron en mi pecho y no sabía con cual de ellas empezar.

Pero aún estaba decidido y sin dudar me acerqué.

Y antes de yo terminar de decir hola, fue ella quien lanzó la primera pregunta.

A la cual le respondí seguida de un montón de preguntas que parecían memorizadas y sistematizadas, pero claro estaba nervioso.


A pesar de eso; fue bueno enterarme de quién era, qué hacía, de dónde venía y adónde va.


Al haber agotado mis preguntas pensé que era suficiente y decidí marcharme pero antes de hacerlo le pregunté su nombre.


No me pareció que fuera real.

Tal vez porque por su lugar de origen esperaba un nombre raro y difícil de pronunciar, pero no le dí mucha importancia a este detalle, así que le ofrecí mi mano y al decir mi nombre me fui.


No sin antes hacerle saber que estaba feliz de conocerla y que desearía volverla a encontrar.


V



¿Alguna vez han escuchado una voz dentro de tu cabeza, que te insiste diciendo que algo hicieron o están haciendo mal?


Bueno, yo la escuché con mucha fuerza esa mañana cuando me dijo:


_ Que tonto eres, ¿cómo le vas a decir que esperas volver a verla, si ni siquiera tienes su número, ni sabes dónde vive?


_ Tonto y más tonto, coordina una cita con ella.


Pero en ese momento decidí ignorar por completo a esa voz a la cual le dije:


_ No molestes, el tonto aquí eres tú, yo confío que la volveré a ver y así será y sino, igual no pasa nada.


Pero fue esa misma voz la que escuché unos días después, cuando al salir a buscarla una vez más no la encontré.


_ Te lo dije; insistió...

_ tenías que pedirle su número


y siguió hablando...


_ Tuviste la oportunidad y la dejaste pasar, ahora seguro no la volverás a ver, nunca aprendes, eres un tonto.


Por un momento pensé en darle la razón. Pero después de haber andado algunas calles Chasqui decidió desobedecerme y cruzar al otro lado para ir corriendo a otro parque a saludar a alguien y que sorpresa para mí fue darme cuenta que era ella.

Se dió la vuelta para comprobar que el pobre animalito no estaba solo y perdido.


En ese momento me quedé paralizado cuando me clavó su mirada.


Seguía escuchando hablar a esa voz en mi cabeza que decía:


_ No vayas a saludarla. Eso es que cambió de parque para no encontrarse contigo y seguro se molestará si te acercas.


De nuevo decidí ignorar a mi acusador y me acerqué para saludarla.

No sé quién de los dos se alegró más. Si ella de verme o yo, al descubrir la pequeña tabla con un trozo de papel que reposaba sobre sus piernas; era un dibujo que recién había empezado a realizar.


_ ? que dibujas ? le pregunté


y con su dulce voz me lo explicó un poco.


Esos minutos pasaron tan rápidos.

Pero fueron suficientes para decirle que quería verla de nuevo e invitarla a dar un paseo más tarde, a lo que ella respondió con una enorme sonrisa que sí.


Sé que suena cansón, pero de nuevo esa fastidiosa voz volvió a interrumpir gritando:


_ !Pídele su número para que puedas coordinar!


Creo que ella notó que algo pasaba, porque se quedó mirando y esperando que más iba a decir.

Entonces le dije


_ a las cinco


_ ?Dónde?


_ Aquí, dijo ella.


_ !Ok, quedamos así!


y me despedí feliz.


VI



Pensarán que estoy loco por lo siguiente que les voy a contar...

Al cruzar la calle se desató una fuerte discusión en mi cabeza.


Por un lado mi acusador desmotivándome e insistiendo:


_ Eres un tonto por no pedir su número para coordinar.


Decía que si algo pasaba o se arrepentía no llegaría y me quedaría como un tonto esperando.

O, si por algún motivo yo me retrasaba y no podría llegar a tiempo, se aburriría y se marcharía.


Por otro lado estaba yo respondiéndole


_ No necesito su número y confío que esta vez todo sera diferente.


Por otro lado estaba el viento dándome ánimos y diciendo:


_ confía, todo estará bien


Y por último estaba Chasqui feliz. Saltando y diciendo:


_ Es linda y con muy buena energía.


Así que aunque esta batalla duró unas horas era una batalla dispareja, ya que éramos cuatro contra uno, preguntarán ?por qué cuatro?...


Sí, cuatro.


Chasqui, el viento, yo, y Ella, porque al final de todo también deseaba volver a verme.


Y fue así como aquella tarde pude sentir por primera vez la magia de sus ojos y pude entender que quería compartir más tiempo y aventuras con Ella, porque de alguna manera una conexión se había creado entre los dos.


Continuará...